Superando la culpa en el trabajo: De la culpa a la responsabilidad

En el transcurso de nuestras carreras profesionales, todos/as enfrentamos situaciones en las que podríamos haber actuado de manera diferente. Es fácil caer en la trampa de la culpa, especialmente cuando nos cae el veinte que cometimos errores o no hemos estado a la altura de nuestras propias expectativas. Sin embargo, es crucial comprender la diferencia entre sentir solo culpa o también asumir responsabilidad, y aprender a gestionar los sentimientos incómodos.

Culpa vs. Responsabilidad

La culpa es una emoción que surge cuando creemos que hemos hecho algo malo o hemos cometido un error. Sentimos arrepentimiento y podemos criticarnos o recriminarnos a nosotros/as mismos/as. Por otro lado, la responsabilidad implica reconocer nuestra capacidad para influir en los resultados y tomar medidas para corregir o mejorar una situación. Es una actitud más proactiva, resolutiva y constructiva que busca soluciones en lugar de solo enfocarse en la culpa. Ambas pueden convivir al mismo tiempo, pero generalmente, una tendrá más peso que otra en distintos momentos.

Ahora, como contexto: hay 5 emociones base, de las cuales se desprenden un sinfín de matices. Las emociones base son Miedo, Afecto, Tristeza, Enojo y Alegría, es el modelo MATEA, por sus siglas, creado por la Dra. Myriam Muñoz Polit. Cada emoción tiene su utilidad, es decir, es NECESARIA, y entenderlas nos puede ayudar a procesar mejor la culpa.

Yo suelo entender a la culpa como una mezcla de Miedo y Tristeza. Miedo a que vuelva a suceder o ponernos en la misma situación, Tristeza por haberlo permitido. La responsabilidad (no es una “emoción” técnicamente hablando, pero para efectos del artículo, imagina que sí), podríamos decir que incluye ingredientes de Aceptación (que en la base, es “Afecto”) y Enojo, y todas estas emociones -aunque incómodas- nos llevan a un resultado muy positivo: reconocer comportamientos previos como no deseables, perdonarnos, reflexionar para no volverlo a hacer, “abrazar” y reconciliarnos con esas partes complejas de nosotros/as, y Enojo para tomar decisiones valientes que nos ayuden a comportarnos según nuestra nueva resolución. Hasta aquí es incómodo, pero necesario. El problema ocurre cuando no salimos de la culpa, y nos clavamos en la recriminación.

Aunque no se siente bien sentir culpa, tiene una gran utilidad para poder vivir en sociedad o autocuidarnos:

  1. Es una señal de transgresión moral: La culpa es una señal interna de que hemos violado nuestros propios estándares morales o éticos, o que nos hemos traicionado a nosotros/as mismos/as, hablando de aprendizajes laborales. Nos alerta sobre comportamientos dañinos o que podrían estar en conflicto con nuestros valores fundamentales.
  2. Motivación para corregir errores: La culpa puede motivarnos a rectificar nuestros errores y enmendar nuestras acciones. Al reconocer que hemos causado daño o perjuicio, la culpa puede impulsarnos a disculparnos, hacer las paces con quienes hemos afectado – ¡a veces es con nosotros/as mismos/as!- y tomar medidas para evitar cometer el mismo error en el futuro.
  3. Promoción de la empatía: Sentirnos culpables por haber lastimado a alguien puede aumentar nuestra empatía hacia esa persona y hacernos más sensibles a sus necesidades y sentimientos, o a los nuestros, si el error nos perjudicó a nosotros/as. Esto puede fortalecer nuestras relaciones interpersonales, nuestra relación con nosotros/as mismos/as y fomentar un comportamiento más considerado y compasivo en el futuro, o de mayor asertividad.
  4. Prevención de comportamientos perjudiciales: La culpa puede actuar como una barrera emocional que nos disuade de repetir comportamientos que sabemos que son perjudiciales o destructivos. Al experimentar las consecuencias emocionales desagradables de la culpa, podemos ser más propensos a evitar acciones que podrían llevarnos a sentirnos culpables en el futuro.

Una advertencia respecto a la culpa. A veces, sentiremos culpa por cosas que no están moralmente mal, pero que así las consideramos subconscientemente. Esto ocurre porque no hemos roto con condicionamientos culturales o familiares disfuncionales. En este caso, la culpa puede surgir por aspirar a más, no conformarnos, ser asertivos/as y pedir lo que es justo, pensar primero en nuestro bienestar. Aquí, más que atender la culpa per se, lo que toca observar, explorar y deconstruir, son esos condicionamientos detrás, porque en realidad, no hay transgresión moral que reparar, ni comportamiento perjudicial. Cuando sientas culpa por algo y quieras determinar si hay que procesarla, o trabajar condicionamientos, piensa en el impacto de tu comportamiento y a quién puede dañar, eso de dará una guía de por donde empezar. Si la respuesta es «a nadie es que así me enseñaron», ¡a darle a esos condicionamientos!

En resumen, aunque la culpa puede ser una emoción incómoda, también puede desempeñar un papel importante en la regulación de nuestro comportamiento moral y en la promoción de relaciones más empáticas y éticas con los demás y hasta con nosotros/as mismos/as, que es la relación más importante que tendremos.

Ahora, ¿cómo superar la culpa?

Se dice fácil, pero no lo es. En general, va a requerir a) extraer los aprendizajes de la culpa y b) regresar constantemente y con paciencia la atención de la mente y el diálogo mental hacia un lugar más productivo, por ejemplo:

  1. A reenfocar la situación: Comprender que cometer errores es parte del proceso de aprendizaje y desarrollo profesional y no te hace mala persona. No permitas que un error o una falta de acción definan quién eres como persona o profesional. En su lugar, míralo como una oportunidad para crecer y mejorar.
  2. A separar culpa y responsabilidad: Reconoce que quedarte en la recriminación no te lleva a ninguna parte. En su lugar, asume la responsabilidad de lo que SÍ puedes hacer ahora para mejorar la situación. Elabora un plan de acción a tu medida. Enfócate en las acciones que puedes tomar para rectificar la situación y evitar cometer los mismos errores en el futuro.
  3. A practicar la autocompasión: Trátate a ti mismo con compasión en lugar de ser duro/a contigo mismo. Todos cometemos errores y enfrentamos desafíos en el trabajo, porque la forma en la que aprendemos es – a menudo -equivocándonos. Una frase sencilla de entender, pero difícil de aplicar es “hiciste lo mejor que pudiste con la información y habilidades que tenías”. Practica la misma bondad y comprensión que tendrías hacia un amigo/a.
  4. A aprender de la experiencia: Reflexiona sobre lo ocurrido y extrae lecciones valiosas de la situación. ¿Qué puedes aprender de esta experiencia? ¿Cómo puedes aplicar este aprendizaje para mejorar tu desempeño y relaciones interdepartamentales en el futuro?
  5. A establecer metas realistas: Define metas realistas y alcanzables para tu crecimiento profesional. Esto puede incluir el desarrollo de habilidades de comunicación, establecimiento de límites y práctica de la asertividad en diferentes situaciones laborales.

Junto con la culpa, a veces llega otra emoción: vergüenza, que se encuentra dentro de la emoción Tristeza, pero es una mezcla de culpa y depresión. La diferencia entre solo la culpa y la vergüenza, es esa sensación de depresión, de “ya no tiene caso”, “nada vale la pena”. La culpa por sí sola provoca que queramos reparar el daño, entendible. Peero la vergüenza ocasiona que nos aislemos de las personas, queriendo esconder esa parte irresoluble de nosotros. La vergüenza es un lugar de más impotencia y rechazo que la culpa. Como todas las emociones, tiene una utilidad social, que es el asegurar que un comportamiento no se repite, ni por esa persona ni por otras, pero digamos que más severa que la culpa. Hay un componente de juicio de la persona -y no de sus acciones- que lo hace un “llamado de atención” más rudo. Recuerda que no siempre necesitamos llegar a tanto, y un error no nos hace mala persona, ni debería darnos vergüenza. Si sientes vergüenza, intenta ser gentil contigo mismo/a y acercarte a espacios donde otras personas te escuchen con compasión y sin juicios.

En fin, ¡mucha información! Espero que este desglose te ayude a:

  • Reflexionar para extraer los aprendizajes de las emociones
  • Que te acerques a la autocompasión y flexibilidad – y ¡paciencia! Estos procesos toman tiempo-
  • Darle a la culpa -si es que la sientes- su lugar, pero no dejar que te consuma
  • Y poder enfocarte en la responsabilidad

Un abrazo enorme si estás en una situación así, y deseo que pronto te hagas amigo/a de tus emociones para que puedas ver más allá y recabar los frutos de sentirlas. Son grandes aliadas, solo que no nos han enseñado a escucharlas y gestionarlas adecuadamente.

¿Debo usar una oferta para negociar en mi trabajo actual?

Recibiste una oferta de otro empleo, y una de tus opciones es usarla para negociar en tu trabajo actual. Puedes estarlos considerando por varias razones: tal vez no deseas realmente cambiarte, sino solo buscas un aumento de sueldo, o el riesgo de tomar esa oferta es alto. Puedes, claro, ir con tu trabajo actual y negociar, pero hay varios temas a considerar, no siempre es necesario mencionar que tienes otra oferta. Además, mi consejo de base de todo este artículo sería: solo menciona la contraoferta si estás dispuesto/a a tomarla, para que asegures que en este proceso no pierdes integridad, y nunca hay la percepción de manipulación. Claro, este es un consejo que tiende a la prudencia: prioriza la relación con tu supervisor y la empresa y tu reputación, por encima de intentar negociar algunos puntos porcentuales más, puedes ser más audaz si lo deseas, pero conlleva riesgos.

Es importante mencionar que en realidad, la negociación siempre está abierta – aun si no la sugieres directamente-, ya que si tu «avisas» que ya te vas, sin dar pie a la negociación, a tu empleador le puede convenir retenerte, y preguntarte si necesitas algo para quedarte. Por lo mismo, aunque no sea tu objetivo quedarte, llega preparado/a a esa conversación, habiendo determinado qué compensación o condiciones necesitarías para rechazar la nueva oferta sin remordimientos.

Si la negociación siempre se puede abrir, lo que cambia es qué tan abiertamente la sugieres tú, o si esperas o insinúas que la otra parte tome la iniciativa. Aunque dejar que ellos lo propongan deja la negociación un poco fuera de tu control, puede convenirte ser más sutil (a) si te «da igual» irte en caso de que no contraoferten, o (b) si sientes que se puede dañar la relación si pides una contraoferta directamente. El tema aquí, de nuevo, es que debes estar dispuesto/a a tomar la nueva oferta si las cosas no salen como quieres. Esa oferta debe ser una alternativa real y viable para ti.

Las condiciones que necesitas tener para poder iniciar la negociación son:

  • Estar dispuesto/a a irte si no se cumplen ciertas condiciones mínimas. ¿Pides 10, buscando 5, y te ofrecen 3? Se va a ver raro si aceptas 3, porque se asume que tu oferta por fuera es de 10, si no, ¿por qué lo pedirías? Si te «cachan» en el bluff, podría dañar la relación laboral o la confianza, dañando tus posibilidades a futuro.
  • Idealmente, justificar la solicitud de aumento salarial en función del aumento de responsabilidades y tareas, lo que hace que estés pidiendo un ajuste de sueldo, no un aumento. En caso de que pidas un aumento por las mismas funciones, hay varios riesgos que deberás evaluar qué tan presentes están en tu caso:
    • Que la empresa te lo dé, y te molestes porque «te estuvieron viendo la cara» todo este tiempo. Si me podían pagar 10 y no 8, por todo este tiempo, y acceden solo porque amenazo irme, ¿no es como si me hubieran estado sub-pagando todo este tiempo? Racionalmente, 10 siempre será mejor que 8, pero los seres humanos no podemos evitar meter un sentido de justicia en nuestras evaluaciones.
    • Que la empresa te lo dé porque no te quiere perder en ese momento, pero dañe la relación de confianza, que «te lo dé a regañadientes».
    • Que no te lo dé. En este caso, deberías estar dispuesto a irte, de nuevo, solo menciona la contraoferta si estás dispuesto/a a tomarla. Si no te lo da y te quedas, puedes quedarte resentido/a, minando tu motivación, o la empresa puede dudar de tu motivación y prospectos en el largo plazo, es decir, que asuman que estás ahí solo mientras «encuentras algo más» y ya no cuenten realmente contigo.
    • Por todo lo anterior, puede ocurrir que las empresas tengan una política de no contraofertar cuando un empleado/a recibe una oferta laboral, intenta averiguar si es el caso de tu empleador/a, antes de tocar el tema.

Es crucial considerar el impacto en la carrera a largo plazo y la percepción de lealtad hacia la empresa, tanto en la decisión de hacer la petición o no, como al decidir el tono y las palabras que usarás para comunicarlo. Una negociación mal manejada podría limitar tus oportunidades crecimiento, podría lastimar la confianza con tu supervisor/a y la relación de trabajo a largo plazo.

Por otro lado, siempre digo, este es un mercado laboral, no un matrimonio laboral. La lealtad debe ser hacia ti, tu bienestar y tus metas personales, si una oferta es too good to pass up (en lo económico y en lo intangible!), no la dejes ir. Que no te detenga la lealtad hacia un equipo, proyecto o jefe, a menos que sea estratégico para tu carrera quedarte. Recuerda que es el trabajo de la empresa ofecer una compensación adecuada con el tipo de talento que requiere, y si no ofrece lo suficiente, ¿por qué habrías tú de subsidiarle sus planes, a costa de los tuyos? Si tienes una buena razón, adelante, pero al final, te debe convenir.

Aunque suelo ser muy prudente, recuerda que en temas laborales a veces toca tomar riesgos calculados para avanzar, si no, podrías estancarte. Si sientes que tu compensación actual no valora tu contribución de manera justa, no tengas miedo de afirmar tu valía. A veces, tomar una oferta externa como un trampolín puede ser la sacudida necesaria para conseguir el reconocimiento y la compensación que buscas. No subestimes tu valor y no tengas miedo de exigir lo que vale tu trabajo, (pero siempre con datos del mercado laboral). La audacia también es una cualidad que abre oportunidades. Es tu decisión 🙂